A veces, leyendo los libros de cierto escritor una parece que descubre patrones: símbolos, emociones, reacciones, modos de ser, que para el caso sería más bien modos de escribir, que se repiten de una obra a otra. Evidentemente con las artes plásticas pasa lo mismo. Y a la música, y a la interpretación... Al fin y al cabo, toda creación es hija de su padre o de su madre por partogénesis.
En fin, por mi parte hablaré un poco de lo que he estado haciendo el último mes.
Es interesante llevar un registro, como me enseñaron en BBAA, de todos los procesos de un dibujo o cuadro desde los primeros bocetos hasta el resultado final, porque en muchas ocasiones lo que termina siendo, no era en absoluto lo que pensabas a priori que sería.
Este dibujo empezó con un simple perfil, algo quizá tipo egipcio: nariz perfecta, ojos almendrados, ya saben. Luego un halcón a su lado, para hacer la simbología mitológica completa. Y así fue, hasta que se me ocurrió pintarlo. Un pequeño error de volumen en la cabeza del bicho al dar una de las pinceladas, y de halcón pasó a ser CLARA y EVIDINTISÍSIMAMENTE un cuervo. Así que no tuve más remedio que dejarme llevar y convertir a Horus en Odín, y pintarlo todo de añil. Menos el ojo, claro. Luego, sólo quedó añadir la insinuación de otro cuervecillo al otro lado y ya está: Pensamiento y Memoria.
El segundo experimento del mes es este león, en el que no había un plan concreto que seguir, básicamente, hubo un flechazo con una preciosa fotografía del Devianart que tenía que plasmar en acuarelas... Me encanta dibujar animales ¡por los pelos! Hay una delgada línea entre que dibujar pelitos uno a uno sea un rollazo mortífero o sea algo así como el yoga para la mente; y por ahora me está pasando lo segundo.
Estoy tratando de juguetear un poco con el Gimp, pero todavía estoy muy verde. Como se ve, las manchas rojas las he quemado demasiado, pero bueno. La cosa es jugar.
Por último os dejo al dibujo de Nut, que está inspirada en una de esas fotos medio eróticas que tanto gustaban en los años veinte, con una preciosa jovenzuela desnuda entre muchos paños. Me encanta la fotografía del XIX y principios del XX, es muy poética y sensual, y parece que todo el mundo era guapo (con las cámaras digitales de ahora no me pasa eso, leche).
Aunque parezca mentira, lo más fácil fue ella. Lo más complicado, el puñetero cielo y la puñetera piedra. Ahora entiendo por qué mis profes le daban tanta importancia a la composición en el dibujo. Realmente es necesario pensar bien en cada elemento, y como va a relacionarse con los demás... si no lo haces tendrás que retocar y repintar una y otra vez, una y otra vez, y acabarás humedeciendo tanto el papel que lo desgarrarás fatalmente... Menos mal que en la foto no se nota. ;)



No hay comentarios:
Publicar un comentario
Comentar