Bueno, rompamos el hielo de una vez y publiquemos algo más que buenas intenciones, demonios. Y en fin, como llevo siendo yo la plasta de las buenas intenciones, pues me aplico el parche y asumo la responsabilidad de publicar la primera cosa diferente a una buena intención. ¿Ven qué bien disimulo el afán de protagonismo?
Hasta hace muy poco nunca solía mostrar mis dibujos, y menos aún por internet. La primera razón, así en general, es el pudor: la calidad en muchas ocasiones deja que desear, y una tiene cierta dignidad; la segunda, también general, es que soy asquerosamente vergonzosa per se, sin la necesidad de perfeccionismo o controles de calidad (es decir, que aunque hiciera algo que yo misma considerara maravilloso y digno de enmarcar, aún así, a pesar de ello, tendría que vencer cierto sentimiento de vergüenza para atreverme a mostrarlo). La tercera es ya bastante más concreta, y se refiere a este medio, ya que aún es pronto para mostrar mis dibujos en una exposición (s.i.c.) y lo más fácil es echarle una foto, o digitalizar y compartir. Lo que ocurre es que al digitalizar un dibujo y pasarlo de-la-página-de-la-libreta-a-la-página-web, adquiere una grandiosidad que en realidad no tiene. A ver, me explico: miren este dibujo. Parece grande, y de hecho si se pincha y se ve en toda su magnífica resolución, el dibujo es gigantesco. Sin embargo en la realidad fue plasmado en una libretita de 148x210mm. ¿Ven a lo que me refiero? Era un dibujín sin pretensiones, pero la web lo convierte en otra cosa, como mínimo, mucho más grande. Una opción para no hacerlo tan grandioso es echarle una foto donde se puedan ver hasta las anillas de la libreta, de hecho traté de hacerlo, pero como una sabe poco de iluminación y escenografía, y menos de fotografía, el resultado era terrible. Así que opté por la digitalización a riesgo de parecer más buena dibujanta de lo que soy. Total, si hay algo que aprendí en primero de Bellas Artes es que para ser artista hay que ser un poco exhibicionista.
En fin, en cuanto al dibujo en sí, que me enrollo que da gusto: es un intento extraño de hibridación, en lápiz y carboncillo (que ya se ha perdido casi por completo y le daba un aspecto bastante crudo) y luego, mucho más tarde, así como meses más tarde, se le añadió rotulador negro y pasteles.
Yo trataba de mostrar un animalillo curioso, en concreto una ardilla, pero creo que parece una especie de ciervo lanzando un beso. Esto es lo que tienen los dibujos, que acaban siendo lo que les da la gana a ellos.

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